Verdades incómodas

 

Nacemos condenados

Para algunas preguntas no hallaremos respuestas.
Algunos sentimientos quedarán defraudados.
No tiene garantía el tiempo que vivimos.
Nacemos condenados.

La lluvia borrará las huellas del camino
empañando cristales de ojos apagados
y nada en este mundo mantendrá la memoria
de los actos humanos.

Algún día seremos polvo entre las estrellas,
fósiles insepultos sobre rocas errantes,
perfiles que el espacio amalgama en sus hielos,
átomos cambiantes.

¿Qué será de mis hijos?
¿Dónde fueron mis padres?
¿Quién leerá nuestras obras cuando el tiempo se acabe?

 

Pesares

A fuerza de lágrimas aprendemos
que lo más difícil no es recordar,
sino olvidar.
Olvidar lo que somos y lo que
hicimos.
Olvidar para vivir y seguir
viviendo.
Incluso olvidar que hemos olvidado.
Sólo así la vida se abre de piernas
y nos ofrece su boca de fresa.
Los pecados se penan
en forma de remordimientos que
a nuestras puertas llaman
en mitad de la noche.

 

Ajeno y personal

La información que unida mantiene la materia.
Las voces que el espacio propaga en el silencio.
La luz de las estrellas que arden en el misterio
de unos ojos cansados de llorar su pureza.

El humano concepto de imposible infinito.
El tiempo que se curva buscando un horizonte.
Las bocas que se secan mudas de tantos gritos.
Los labios que murieron vírgenes de pasiones.

La pierna voladora.
La mina enterrada.
La bala. La pistola.
La niña bajo el napalm.

Tan lejos y tan cerca,
ajeno y personal,
eterno y puntual,
el tigre y la gacela.

 

Armonía universal

Frente al infinito, humanos desnudos,
al fin comprendemos qué poco somos,
qué poca tierra contiene este mundo
que orbita azul los caminos del cosmos.
Late el espacio, se expande y contrae
al margen de nuestras preocupaciones.
La noche muestra los astros que ayer
hicieron brillar las constelaciones.
Hoy, tal vez, derrotan en restos muertos
y apagados de materia arrogante.
Cristales de hielo que hace milenios
pudieron haber formado diamantes.
¿No escucháis ese murmullo que llega,
en ondas, del centro del corazón?
Es el latido primero, las huellas
de la prehistoria de nuestra creación.
La armonía de los cuerpos celestes,
de cada planta y cada animal,
la sincronización de lo viviente,
el compás de la esfera universal.

 

Somos

Somos el sueño fruto de un cerebro,
arquetipos de la imaginación.
Vivimos en corredores internos.
Somos el paso fugaz de un protón.

Somos el resultado de ideas púberes,
el reflejo que muestran los espejos.
Somos la obra de nuestro propio celo,
la sinapsis de un cúmulo de nubes.

Llegamos indefensos y vacíos.
Nada nos llevamos, pues nada traemos.
Dejamos lo que fuimos. Lo que hicimos.

Nostalgias entre los que nos quisieron.
Sólo somos un punto bizantino
en la inmensa geografía del tiempo.

 

Naciones

Máter se desploma en el vacío
nacional con monótona cadencia
y no sirve de nada la experiencia
cuando la historia pierde el equilibrio.

Putrefactas coagulan sus miserias
las rojas cicatrices del olvido.
Poco cuesta perderse en el ruido
de la sangre hirviendo en las arterias.

No creo en cruzadas ni en lo humano
que provoca, social justicia ciega,
motivos para estar decepcionado.

Es mejor que quememos las banderas
o usemos esos símbolos de trapo
alfombrando el zaguán de las fronteras.

 

Sombras y luces

Escuchad la canción que silva el viento
entre las ramas secas de esos álamos.
El escándalo que arman esos pájaros.
El grito mudo de los cuerpos huecos.
La música que escancian las estrellas,
la risa misteriosa de los muertos,
los tambores que habitan en el eco
que hace temblar la luz de las hogueras.
Escuchad la canción de los que un día
regresaron rendidos del destierro,
de las niñas que ahorcan a sus perros,
de los niños que duermen con sus tías.
El rock and roll de los años perdidos
en el bulevar de los sueños rotos,
el doliente vals que esconden las fotos,
el blus que anuncia un invierno en presidio.
Sombras y luces, corcheas y blancas,
mandolinas de celofán y pianos
con teclas hechas de huesos que sangran
notas robadas de un trágico tango.

 

Muera natura

Exhaustos ríos, bosques y océanos
el planeta herido se desangra.
Sin árboles, sin lluvia, falta el agua.
Los vertidos han podrido los lagos.

Arde el aire. La tierra se cuartea.
Triunfa el progreso sembrando cadáveres.
Más progreso, más víctimas, más hambre.
Queréis agua: ¡Tomad una tormenta¡

Llegó el hombre del planeta de chapa
y la generación del fin del mundo.
Contracultura urbana pinta el tubo

y un graffiti grita: “No dejes para
mañana lo que puedas hoy quemar.
Muera natura. God save my good car.”

 

Un niño en un basurero

Tenía en la mirada un vacío
inmenso de solar destartalado,
un terror asustado de sí mismo,
un brote de amapola en cada mano.
              Era un niño, un ser humano.

Una víctima inocente en el debe
del progreso. El delirio de un estado
bananero. El crudo retrato hiriente
de un muchacho, de un hijo, de un hermano.
             Era un niño, un ser humano.

En un ciclópeo basurero hurgando
su alimento obtenía cada día.
Como sombra condenada a la vida.
Como espectro por todos olvidado.
            Era un niño, un ser humano.

Lloré avergonzado de ser persona.
Vomité tembloroso en el lavabo.
Duele ver que ocurren estas cosas.
Aquello no era un perro ni un gusano.
           ¡Era un niño! ¡Un ser humano!

 

Homenaje a los muertos

Porque la muerte siempre es solitaria.
Porque el abandono siempre es doliente.
Por la memoria de los que existieron
-por sus obras y su legado inmenso-.
Por los siempre olvidados.
Por los hoy recordados.
Por los que son y fueron.
Por nosotros, por ellos.

Porque pesan más los muertos que en esta
tierra han sido que todo el material
que suma el universo.
Porque un trillón de lenguas
se pudre en el silencio.
Porque un mar de lágrimas se evapora
cuando llega el olvido.

 

 

Máximo Herrera