Se
estremece la arena de besos acuáticos
inmune al envite de mil bueyes de espuma,
una serpiente de luz, en crujía oscura,
va pintando un litoral de neones borrachos.
Desde
el Monte de Gibralfaro, la bahía
de Málaga refleja el manto azul de estrellas,
como puntos duros, como pulidas piedras
que temblaran de amor, que temblaran de ira.
Los
pescadores sueñan con llenar de astros
su trasmallo hilado con fibra de altramuces;
un trago por Neptuno y otro por la Amparo.
Qué
bien entra, compadre, este vinillo dulce.
Qué tranquilas se ven las dársenas, qué pairo
para mi bote marchinbrado en vera cruces.