Por
la cuesta del Rey Chico, baja mi novia.
Un premio para los ojos es su sonrisa.
A sus espaldas la Alambra celosa admira
el contorno de sus curvas de caracola.
Morena
princesa mora con piel de nácar
que encharca con su sol la torre de Al-Sabika,
baluarte mudo de la vega granadina
y anciano testigo de amores y batallas.
Otoño.
Domingo. Avanza la mañana
barnizándome la piel calor de membrillo;
a misa de doce repican las campanas.
Ya
llega. Los azahares le hacen pasillo.
¡Mi novia en traje de novia! Inmaculada.
Me tiembla la mano donde guardo los anillos.