Mi hija cladia cuando tenía quince meses.
No hay nada más hermoso en el mundo.

 

Me tienes loco, Claudia


Me tienen loco las perlas azuladas
que juegan en el mar limpio de tus ojos,
el misterio y la magia de tu rostro
la ingenuidad infantil de tu mirada.

Cuerpo de algodón bañado en oro
que arranca emociones de mi cuerpo.
Me hace cosquillas en el esqueleto
el aroma que exhala de tus poros.

Océano con olas de alegría.
Hay un serafín en todo lo que haces.
Tienes el ímpetu vital de tu madre
y los ojos azulados de la mía.

Tu sola presencia deforma el entorno.
Cuando alegre aleteas las pestañas
sopla poniente de fuego en mi alma;
remolinos que gobiernas a tu antojo.

He caído en la seda de tus redes
como un ave que huye de la tormenta
melancólico de una luna perfecta,
deslumbrado por tu pureza de nieve.

El estaño desgastado de mis canas
contrasta tanto en tu piel de terciopelo.
El perfil roto y confuso de mis dedos
se diluye en la tersura de tu cara.

Mi niña, mi tesoro, mi soberana.
Ya no recuerdo cómo eran mis días
antes de que tú llegaras a mi vida.
Sólo el cielo sabe cuánto te amo, Claudia.
 

Máximo Herrera