Un
grupo de civiles fusiló al Tío Paco.
Alguien le dijo a alguien que era comunista.
¡Pobre Tío Paco! Nada sabía de política;
Sabía de piedras, de ovejas y de campos.
Era
el Tío Paco hombre serio y poco hablador.
Misario de zagal, su oficio fue la mina;
Quince años en Huelva, diez en la Carolina.
Cuando lo mataron ya sólo era pastor.
Entraron
en la casa gritando: ¡Hombres fuera!
Le volaron la cabeza bajo un olivo;
roto, se le salían las entendederas.
Yace
en una tumba perdida en el olvido.
En su lápida reza “Victima de Guerra;
con amor te lloran los que te han conocido”.