Adoro
tu mundo rosa de princesas bailarinas,
la varita mágica de tus ninfas encantadas,
las setas donde habitan tus duendes imaginarios
y la cabaña donde viven tus enanos mineros.
Amo
cada perfil de ese universo de sueños
que centellea pleno de imágenes doradas,
tan real como mis propias angustias,
tan deliciosamente dulce que no cabe en un poema.
Hechizado
por el aroma a vida de tu sonrisa
naufrago en el embeleso de canciones infantiles
y el hombre que soy se transmuta en el niño que no fui.
Tus
preguntas espontáneas provocan en mi mente
un despertar lluvioso de equinoccios enamorados;
extremos de dos vidas que se anudan en el centro,
que se buscan, que se encuentran, que comparten el aire.
Yo
no vengo de donde tú vas. Yo estuve en otra parte.
Tu mundo es tan nuevo para mí como lo es para ti misma.
Juntos lo inventamos con el nacer de cada día;
la semilla inanimada que planto hoy
en el lodazal confuso de un cuento deshilachado
tu conviertes mañana en flor inabarcable
que existe y crece, que toma vida.
Gracias
por haber nacido,
gracias por haberme dado
la dádiva de vivir dos veces.