Ha
traicionado el destino
mi vida de perdedor
colocando en mi camino
series de televisión.
Con
rumbo incierto navego
a la luz de tempestades,
de favores y de credos
que aniquilan mis verdades.
Encontré
flor de nostalgias
en mi pecho adherida;
como por arte de magia
cicatrizan mis heridas.
Yo
que pasaba las noches
al desvelo constreñido
ahora, en infantil derroche,
quedo dormido cual niño.
Empacho
televisivo,
prensa rosa y Gran Hermano,
en mierda se han convertido
mis valores cartesianos.
Ebrio
de pasados duelos
a tientas muerdo perfiles
que me devuelvan mis sueños
de arrogancias infelices.
Me
torturan las angustias
de ignorar lo que me pierdo
con esta existencia cáustica
que disfruto como un cerdo.
Me
mataron al Hernández,
¡pues con su pan se lo coman!
Yo, con la tele por cable,
soy más feliz que una ostra.
¿Qué
me importa a mí la gente,
sus luchas y sus problemas,
si tengo cuenta corriente,
fútbol y telenovelas?
He
dejado el tabaco,
el coñac y la lectura,
follo poco y no naufrago
en la intemperie nocturna.
Ya
no escribo ni paseo.
El procesador de textos
lo he cambiado por un juego
donde ejerzo de banquero.
Ya
soy un hombre feliz
y la sociedad me acepta;
me he hecho socio del Madrid
y le voto a la derecha.
¡Pues
sí! En definitiva,
¿Qué me ha dado a mí el Atleti,
la izquierda y la poesía?
Ilusiones de confeti.
Viva
esa España tan próspera
de fulanas y fulanos,
de exfascistas hoy demócratas
y de poetas cristianos.
Es
por esto que he vendido,
al peso, todos mis libros.
Es por esto que ahora vivo
como un burgués bien nacido.