Resbala
por mi piel plata de madrugada,
arañando arenas de un litoral remoto.
Daga de lumbre azul que parte en dos la noche
aterida de espanto; ronquidos desgarrados.
Rebotan
contra el suelo diamantes de azabache
y olivas de cristal; estruendo de catástrofe.
Cielo de Santa Bárbara termina ya este escándalo,
esta caja de truenos, que duerma en paz mi niña.
Ya
pasó. Ya se ha ido tragada por el mar.
Jirones de algodón rasgan el horizonte.
Se aleja de aquí. Muere. Mañana saldrá
el Sol
y brillarán las calles; setas y caracoles.
Madruga
el pescador que recoge los frutos
que la tormenta corta con mano bienhechora.
Maldice el hortelano su fatídica suerte
sobre la verde huerta herida de granizo.
Mañana
en el mercado será cara la fruta
y barato el pescado, el cangrejo y la gamba.
Y dentro de unos días de nuevo el equilibrio;
cenaremos besugo y de postre naranjas.