Me
siento en la silla.
Me arrimo a la mesa.
Tomo el desayuno:
pan con mantequilla,
compota de fresa
y un vaso de zumo.
Cojo
la cartera.
Me pongo el abrigo.
Salgo a la escalera.
Saludo a un vecino:
¡Hola, Don Faustino!
¡Hola Micaela!
Me
da el viento un golpe.
La puerta esta abierta.
Fuera aún es de noche
y me desconcierta
encontrar, de coches,
la calle desierta.
Un
gato aterido
salta a mi costado.
Llueve de lo lindo
y el cole ¡cerrado!
Mamá ha olvidado
que hoy era domingo.