El
regreso
I
Vuelvo
de la guerra tras años de luchar
de regreso a la aldea que un día me vio nacer.
Por el camino ocre donde siempre me sueño,
donde nos conocimos aquel remoto ayer.
Las
botas desgastadas, el alma hecha jirones
y un mundo de esperanzas latiendo a flor de piel.
Allá,
en el horizonte, ya asoman los tejados
de las casas de adobe de mi pequeño pueblo.
Me ajusto el correaje de mi guerrera ajada,
me acomodo el petate y el paso acelero.
Me hablan los trigales del niño que antes fui,
de la emoción risueña de los primeros juegos.
Siento
el corazón cómo salta en mi pecho,
no veo el momento de encontrarme con ella.
En estos cinco años que he pasado en el frente
ni un día he olvidado nuestra franca promesa.
”No importa lo que tardes. Me encontrarás cuando
vuelvas”.
Me prometiste esa tarde en la que estabas tan bella.
Te
he escrito tantas veces y con tan pocas respuestas
que muero por oírte pronunciar mi nombre.
Son tantas las historias que tengo que contarte;
salí de aquí de mozo y he regresado de hombre.
Mas nunca te diré que por mi vida he matado;
la guerra no distingue al pechero del noble.
II
Ya
casi es medio día de un julio abrasador.
Me deslumbra el brillo de las calles desiertas.
Sospecho que me observan desde las ventanas mudas,
que una sombra espía detrás de cada puerta.
Tras cruzar la plaza entro en la taberna;
dos o tres saludos de amistad incierta.
"¡Cuánto
tiempo Juan!". Me dice Matías.
"¡Cómo has cambiado!". Exclama Miguel.
"Tómate unos vinos que vendrás sediento".
Me lleva a una mesa mi tío Rafael.
"Sabes que te quiero, - me dice y me asusto -
pero el tiempo pasa y hoy ya no es ayer”.
“Nada
en este pueblo queda para ti;
tu padre ha muerto, tu madre también.
Tu hermano se ha ido a buscar trabajo.
Dicen que ahora pica minas en Jaén.
Y Laura, tu novia, se casa mañana
con Mario, el sargento, que ya es coronel".
Se
queda en silencio durante un momento
mientras que digiero lo que me ha contado.
Todo lo he perdido. Maldigo al cabrón
que empezó esta guerra. Me siento cansado.
Le reprocho al plomo, infiel asesino,
que pudiendo hacerlo no me haya matado.
"Mejor
que te vayas por donde has venido;
aquí no queremos que surjan problemas".
Es Miguel quien habla, el padre de Mario.
El aire se corta en la vieja taberna.
Sin decir palabra me levanto y salgo,
noto que la sangre me hierve en las venas.
III
Cruzando
la plaza abandono el pueblo
dejándome el alma en la primera cuesta.
El Sol me descarga un golpe abrasador.
Mis viejos vecinos dormitan la siesta.
Mañana habrá boda, merienda en el soto,
baile por la tarde y por la noche fiesta.
Todo
lo que he sido y lo que seré
hubiera yo dado por ser ese novio.
Yo amaba a Laura, amaba este pueblo,
soñaba un regreso de abrazos y elogios.
Me embulle el camino. La vida me arrancan
los campos de trigo sembrados de oprobio.
Ya
pierdo de vista, tras el horizonte,
las casas de adobe de mi pequeño pueblo.
Ignoro hacia dónde me llevan mis pasos,
afronto el destino con pena y sin miedo.
Allá donde haya una nueva guerra
buscaré la bala que me lleve al cielo.