Los Sin Vergüenza



El triunfo social, el poder, es patrimonio de los “Sin Vergüenza” . Esto debe entenderse de forma literal; sin vergüenza significa aquí sin sentido del ridículo, impermeable a la crítica, dotado de complejo de superioridad, autoestima desmedida y una confianza narcisista innata en la inteligencia propia y la estupidez ajena. Nacer sin sentido de la vergüenza es una ventaja evolutiva. Por ejemplo, los que denominan ejército a sus tropas de ataque y terroristas a las tropas del enemigo, son unos sin vergüenza que parten del principio de que la masa, el pueblo, es jilipollas y no se detiene a reflexionar sobre los hechos que la televisión presenta ante sus propias narices. Solo así se entiende que estos tipos no se pongan colorados al informar que sus soldados de asalto, durante la invasión de un país ajeno, han sido atacados por un grupo terrorista local. Esta fraseología está dirigida a crear en la mente del espectador la sensación de que las tropas invasoras actúan con oficialidad y derecho, en tanto que las tropas defensivas son un puñado de exaltados, malos por naturaleza, que no tienen otra cosa que hacer que ponerse a pegar tiros en medio de la calle contra sus propios liberadores.
No me molesta especialmente que se manipulen los medios de comunicación; están para eso, es una de las funciones sociales que cumplen. Me irrita que insulten mi inteligencia con frases del tipo: “bombardeo preventivo contra un campo de entrenamiento de terroristas”, cuando las imágenes están mostrando a las claras que son cuatro casas de adobe donde un puñado de individuos, vecinos del pueblo, hacían prácticas de tiro con una carabina de aire comprimido. Probablemente pensando en volarle la tapa de los sesos a Bush, pero eso no les hace terroristas; yo sueño cada noche con matar a mi jefe y eso no me convierte en un asesino.
No pongo en duda que existe terrorismo y que debe combatirse; incluso no me cuesta ningún trabajo reconocer que algunos tipos de terrorismo deben ser, a su vez, combatidos con el terrorismo organizado del ejercito o de la policía (terrorismo de estado). Pero llamemos a las cosas por su nombre y no tomemos al ciudadano por idiota.
Una hábil maniobra de la propaganda política es negar la mayor, envolver los mensajes en paquetes fraseológicos del todo incomprensibles y dar la vuelta a las palabras para que, al designar una acción, su significado sonoro sea completamente el opuesto. Un ejemplo de esto es el siguiente: las empresas que no se acogieron en su día al sistema tributario por módulos, son auditadas por hacienda según el conocido sistema de Estimación Objetiva. ¿Cómo puede la Administración llamar objetiva a una estimación que realiza ella misma y en la que es, al mismo tiempo, juez y parte interesada? La estimación sería objetiva si fuera realizada por un tercero que, a la vez, no fuera sujeto interesado.
Con este tipo de enredos y trucos de fanfarria se puede llegar tan lejos como uno quiera. Otro ejemplo; ¿sabían ustedes que los orfanatos han pasado a denominarse guarderías de la comunidad? Pues sí. Cuando la feliz pareja se presenta en el ayuntamiento para solicitar una plaza en una guardería de la comunidad, se le pregunta si ambos trabajan. En caso afirmativo, la plaza no se concede porque la familia posee dos nóminas y puede pagarse una guardería privada. En caso negativo, la plaza no se concede ya que, como uno de los dos cónyuges no trabaja, tiene tiempo de sobra para atender a su hijo y no necesita guardería. Si se le ocurre preguntar; “bueno, entonces todos esos niños que tiene usted ahí dentro, ¿de dónde ha salido?” Le contestarán que son niños sin padre e hijos de inmigrantes sin domicilio. Es decir, aquello es un orfanato.
Los partidos políticos son el paradigma de este comportamiento sin vergüenza y sus líderes el ejemplo más consumado de cara dura. “¿O es que alguien puede tener dudas de que los atentados de Atocha son obra de ETA?” Decía José Mari cuando ya todos los periódicos del mundo anunciaban que la autoría de tan deleznable acción era obra del terrorismo islámico. “¡Claro que estamos seguros de que existen en Irán armas de destrucción masiva! El Gobierno Español, como todos los gobiernos, tiene sus propias fuentes de información”. Se encabezonaba en asegurar el mencionado personaje, en una entrevista suicida y desesperada concedida (¿impuesta?) a Televisión Española, cuando los propios enviados de Naciones Unidad estaban declarando lo contrario. Yo sería incapaz de mentir con semejante frialdad; me aterra la sola idea de que un día tuviera que hacer algo parecido. Me pondría colorado, tartamudearía, me cogerían rápidamente y me moriría de vergüenza.


Máximo Herrera