Barrio plateado por la Luna



Carlos Gardel, que de seguir vivo sería, con mucho, el cantante más longevo, se despedía con melancolía de su amado barrio que lo había visto nacer y crecer. Cuesta dejar los asentamientos, sobretodo cuando se abandonan contra la propia voluntad. Los viejos barrios de nuestras ciudades y pueblos yo no serán lo mismo cuando hayan desaparecido de ellos el último cine, los últimos billares, las últimas prostitutas, los últimos talleres y hasta la última tienda. Es el precio del progreso, Eldorado de las áreas residenciales y el desarrollo del concepto de anillo comercial en torno a los grandes núcleos de población; desproporcionados parques comerciales en el extrarradio, junto a los polígonos, donde el terreno es más barato y se favorecen el flujo de compradores, aunque sea al precio de formar extraordinarios atascos todos los fines de semana.
La idea me parece buena. De hecho me parece tan buena que me pregunto por qué no se instalan en el extrarradio, en las zonas comerciales e industriales, las dependencias de las distintas administraciones y nos dejan así libres las miles de plazas de “aparcamiento reservado para autoridades” que mantienen secuestradas. Claro que esto sería predicar con el ejemplo, algo que no figura ni en el idioma ni en la idiosincrasia política de nuestros gobernantes, chapados según los perfiles de antiguos regímenes autoritarios y mucho más partidarios del sano principio del “haz lo que yo diga, no lo que yo haga”. Antes veremos que sacan al extrarradio de Madrid, para disfrute del personal turístico, la Puerta del Sol, que el traslado de una miserable delegación de Hacienda.
¿Se imaginan ustedes la gozada que sería trasladar toda la mole de los Nuevos Ministerios a una era en el municipio de Pinto? En el lugar donde ahora se alzan esos horribles cubos de hormigón podría construirse un cine porno de verano y una piscina nudista. Recordemos que el D'Angelo está cerca y, en el peor de los casos, el recinto continuaría siendo una casa de putas, como lo ha sido hasta ahora.
Isaac Asimnov define Trantor como un mundo administrativo; todo el planeta es una gran ciudad dedicada a la gestión del imperio. Los ejércitos de burócratas han crecido tanto que han terminado por expulsar de la ciudad a sus legítimos habitantes. En Madrid, con el tiempo, pasará esto mismo. El poder prevalece. El que tiene el poder pervive, crece y se multiplica; los demás a vivir, a comprar y a trabajar al campo. De todas formas, con el precio que está alcanzando el metro cuadrado habitable en las grandes ciudades, únicamente el Estado tendrá capacidad para comprar o la fuerza para expropiar. Bueno, el Estado y los bancos. ¿No os dais cuenta de la invasión meticulosa que estamos sufriendo? Allí donde desaparece un local comercial aparece una sociedad financiera o una oscura oficina gubernamental. Lo más desalentador de todo esto es que no depende del partido político en el poder. Es indiferente; la Administración crece tanto si gobierna la izquierda como si lo hace la derecha. La Administración es un ente orgánico cuya única misión es crecer y crecer y crecer. Comoquiera que la Administración tiene que ser administrada, cuanto más grande es, más estructura precisa para su propio mantenimiento. Así las cosas constatamos que la mayoría de los funcionarios trabaja para la Administración, no para el ciudadano, la ciudad cambia su estética y los barrios se convierten en colonias asépticas y deshumanizadas.

 


Máximo Herrera