Al primer coche que entró aquel lunes por la puerta del taller
le vibraba la dirección. Pedro, gerente y mecánico
de la empresa, se quedó helado al levantar el vehículo
y descubrir que cada rueda era de una medida diferente y características
distintas. “No me extraña que le tiemble el volante;
lo que no entiendo es cómo diablos puede circular así“.
Ante la asombrosa circunstancia observada decidió volver
a bajar el coche del elevador y esperar a que volviera el dueño.
- Su automóvil lleva cada rueda de una medida distinta.
Además, son de tipos diferentes. Es normal que le vibre la
dirección le aseguró Pedro al propietario del
vehículo cuando éste se presentó de nuevo en
el taller con la esperanza de recoger ya su coche arreglado.
- Pues no sé qué tiene que ver una cosa con la otra;
el volante es el volante y las ruedas son las ruedas exclamó
con disgusto el cliente, como quien, de sobra, entiende de la materia
en discusión.
- Tiene que ver y mucho le contestó el bueno de Pedro
haciendo un esfuerzo por mantener la paciencia - Además,
los cuatro neumáticos están bastante desgastados e
irregulares. ¿Lo ve? Esta rueda, que parece de un Nissan
Patrol, tiene un desgarrón en la banda de rodadura. Y a esa
otra, que es de un Renault Twingo, se le ve el aire. Y a la cubierta
de la rueda de atrás, la de la derecha, que no sé
de que coche es porque nunca había visto otra igual, se le
están saliendo los alambres de la carcasa.
- Pues esa me la encontré en una cuneta de la carretera de
Barbate, cerca de donde yo vivo. Parecía que estaba muy bien.
- Ningún neumático que se encuentre tirado en una
cuneta puede estar muy bien.
- Eso es mucho decir
- Hágame caso, que nadie tira las cosas nuevas
- Tal vez se le perdió a alguien
- ¿Un neumático?
- Usted no lo sabe
- Vale. Pero lo que sí sé es que debería cambiar
los cuatro neumáticos. Estos que lleva ahora van a terminar
por darle un susto en cualquier momento.
- ¿Y cuánto cuesta eso?
- Pues cuatro neumáticos nuevos vienen costando ...
- ¡Nada de nuevos! ¿Acaso cree usted que yo soy millonario?
- Intervino el cliente, dejando a Pedro con la palabra en la boca
y más descolocado que una cabra en un baile de disfraces.
- Es que yo no almaceno neumáticos usados - protestó
Pedro, que no salía de su asombro.
- No se preocupe por eso. Mañana mismo yo le traigo otras
cuatro ruedas; que tengo un amigo que trajina con cosas de estas.
Cuando, a la mañana siguiente, Pedro fue a abrir su taller,
el cliente ya estaba esperándolo en la puerta con cuatro
ruedas en buen estado, montadas incluso sobre llantas de aleación
de aluminio.
- Estas valen ¿No? - Aquello más que una pregunta
sonó como una afirmación categórica
- Buenos días, señor Fernández. Yo también
me alegro de verle.
- ¡Ah! buenos días. Que decía que ...
- Ya, ya, si le he oído, pero déjeme, al menos, que
me ponga el mono.
Pedro echó un vistazo de reojo a las ruedas, abrió,
de par en par, las puertas del taller y pasó al interior.
Mientras se vestía el mono de trabajo, en el pequeño
vestuario que tenía adosado junto a la oficina, no dejaba
de preguntarse “¿Y qué le cobro yo a este hombre.
Quitar unas ruedas y poner otras podría haberlo hecho él
mismo? Haber si al menos consigo convencerle para que me permita
hacer un paralelo y equilibrar las llantas. Pedro se acercó
al material de repuesto aportado por el cliente y examinó
el estado de los neumáticos.
- Están bastante bien - declaró el mecánico
refiriéndose a los neumáticos -; el dibujo y la goma
parecen en buen estado. Sin embargo, no son de la misma medida que
equipa su coche en origen.
- ¿En origen...?
- Sí, cuando sale de la fábrica. Estos que usted me
trae son más grandes que los que lleva este el coche, su
coche, cuando sale de la fábrica
- ¡Ah! - una pausa - ¿Y qué?
- La ITV le pondrá pegas. Es posible que le obliguen a cambiarlos
por unos neumáticos de las medidas que figuran en la tarjeta
de circulación.
- ¿La ITV, dice? Yo nunca voy por esos sitios que lo único
que hacen es sacarte el dinero y meterte cosas raras en la cabeza.
- Como usted mande. Pero, al menos, me dejará que le haga
un paralelo y un equilibrado de ruedas.
- A mi hábleme en Español; ¿qué es eso
del paralelo?
- Ajustar las ruedas de forma que circulen con simetría las
unas respecto de las otras.
- ¿Y eso es barato?
- Muy barato
- Entonces ponga el paralelo
- Esta bien; déjeme el coche y las ruedas y vuelva a buscarlo
por la tarde.
Como a media mañana se presentó otro cliente en el
taller.
- No se va usted a creer lo que me ha pasado - le espetó
el nuevo cliente a Pedro nada más salir éste a atenderle
-; cuando he cogido el coche esta mañana no he podido moverlo
del sitio. Lo arranqué y lo aceleré, pero por más
que aceleraba y cambiaba de marchas, nada, el coche no andaba. Pensé
que me habría quedado sin embrague o sin cambio. Pero no
era eso. ¡Adivine! Cuando bajé del vehículo
comprobé que ¡me habían robado las cuatro ruedas
y habían dejado el coche apoyado sobre ladrillos! Ya me parecía
a mí que estaba un poco bajito, pero claro, a esas horas
de la mañana uno no está para nada. Por cierto...
Mis ruedas eran igualitas que esas que tiene usted ahí -
añadió mientras se acercaba a examinarlas más
de cerca.
- Esas ruedas las ha traído un cliente esta mañana
- se justificó Pedro que ya se temía lo peor.
- ¡Maldita sea¡ Estas son mis ruedas.
El cliente se marcho soltando sapos y culebras por la boca y regresó
quince minutos después con dos números de la benemérita.
Por la matricula del coche averiguaron el domicilio y el teléfono
del de Barbate y lo fueron a buscar a su casa. Por lo que se contó
después, la Guardia Civil le sorprendieron en la cama con
una vecina de su mismo rellano y el tipo se indignó muchísimo.
Armó un escándalo del carajo. Aseguró que había
llevado el coche al taller para que le cambiaran los neumáticos,
pero que, en ningún momento, había llevado ni visto
rueda alguna. Por suerte para Pedro, que ya se veía preso
en un mazmorra oscura y húmeda como el Conde de Montecristo,
en el maletero del coche encontraron los tornillos de las ruedas
robadas y el ladrón terminó confesando su falta. En
su defensa, el de Barbate alegó que se había visto
obligado a tomar de lo ajeno porque Pedro le pidió una cantidad
indecente de dinero por colocarle unas ruedas nuevas.