Tienes un e-mail



Hace dos días, el domingo pasado, nos eliminaron, a mi pareja y a mi, del Torneo Anual de Mus que celebra el restaurante madrileño Pares con Juego. Ya casi me he recuperado del disgusto; Jopé, que mal lo pasé, que hijas de puta son las cartas y que hijo de puta es el mus.
Nuestros amables contrincantes, después de pisotearnos la dignidad de jugadores durante más de dos horas (en el transcurso de las cuales, todo hay que decirlo, no “pillé“ ni una maldita mano de órdago ganador a grande), nos invitaron a un par de cervezas, por haber sido buenos chicos. Sin saber cómo ni por qué terminamos discutiendo sobre nuevas tecnología. Las parejas que iban acabando sus partidas se unían a la discusión. Como era de esperar, los que habían perdido se mostraban más beligerantes en la exposición de sus razones y más intransigentes con las razones ajenas. Ante mi sorpresa, algunos de aquellos tipos reconocieron que ni sabían lo que es un e-mail ni les interesaba saberlo. “Esas bobadas son para los chavales”, decía uno terriblemente indignado porque “e-mail“ no es un término del idioma español (él quería decir del castellano, por supuesto). De tanto argumentar, me quedé sin argumentos, y terminé reconociendo que las nuevas tecnologías no son la panacea para nadie y que, incluso, algunas personas puede que no necesiten una dirección e-mail en toda su vida.
No me costó nada ceder en aquello. Entre otras razones (estaba cansado, decepcionado, me estaba meando, ...). porque no soy nada tecnófilo y reconozco que se han exagerado en exceso las excelencias de algunas tecnologías, lo que hace que, determinadas personas, reciban una impresión que es totalmente la contraria que se pregona.
Cuando regresé a mi casa me conecté con la web del diaio deportivo As (as.com) y descubrí, horrorizado, que, una vez más, el Atlético de Madrid había vuelto a perder (porca miseria; Ya estamos undécimos). En la web de “El Mundo“ (elmundo.com) leí que Estados Unidos decía, una vez más, no al Protocolo de Kioto (estos cabrones imperialistas terminarán por joder el puto planeta). Me conecté a Cinesa con la intención de reservar dos entradas para asistir al estreno en España de One Million Baby (Clint Eastwood) el sábado próximo, pero estaba todo completo. Aproveché que estaba conectado a internet para comprobar los últimos movimientos de mi cuenta bancaria; números rojos y no me habían ingresado el paro (cosa lógica, por otra parte, ya que sólo estábamos a veinte).
Un icono parpadeante en la barra del navegador me avisaba: “Tienes un e-mail”. Lo abrí con cierta desconfianza. Era de mi novia y decía que sus padres nos invitaban a cenar el sábado. ¡Puta tecnología de mierda! Antes sí que valía la pena apostar por las telecomunicaciones. Cuando alguien deseaba hacerte la puñeta tenía que tomarse la molestia de escribir una carta (algo que no todo el mundo era capaz de hacer correctamente). Además, mientras escribía la carta, la echaba al correo, llegaba a su destino, era contestada y el remitente recibía la contestación habían pasado dos meses largos y no hay ningún entuerto que no se pueda desfacer en ese tiempo.

 

Máximo Herrera